miércoles, 30 de septiembre de 2009

Congreso - Argentina

Cumplí años el domingo pasado y como para todos los cumpleaños mis compañeros de trabajo juntan diez pesitos por persona y tratan de pensar en qué regalo le gustaría recibir al agasajado. Por supuesto, esto no es gratis: de ese modo se obliga al cumplañero a traer torta, faturas o cualquier cosa que pueda devorarse.

Es lunes y ya sé que se viene la no sorpresa.
Como siempre y porque soy organizada, le confié a una compañera qué quería que me regalasen: una caja llena de tangas. Como la respuesta fue muy fuerte para ella y vi totalmente inviable mi deseo, le pedí que me regalaran una buena edición de
Rayuela de Cortázar. Eso le pareció mejor y estuvo de acuerdo en convencerlos a todos de comprarlo aunque sé positivamente que ni consultó y se encargó de todo.

Entonces es lunes. Trabajo y miro el reloj de la computadora porque me quiero ir a toda costa. Tenía todavía la resaca del sábado dándome vueltas. Había dormitado unos minutos frente al monitor.
De repente, tuc! todos mis compañeros a mi alrededor. Los miro tratando de disimular la sonrisa que no es una sonrisa de vergüencita y esas cosas; es una sonrisa de "ahora se comen la sorpresa doblada".
Los increpo: ¿qué hacen acá?
Y responden: Vos sabes...

Comienzan a cantar el feliz cumpleaños. Me dan ganas de decirles "ya pasó, chicos" pero los dejo que canten. Yo también aplaudo, total... mal no hace. Termina el himno cumplañero y me alcanzan el regalo. Mmmm, ¡qué será!
Abro bolsita, saco paquetito, libro: Cortazar - Rayuela.
¡Ay, pero que lindo regalo! ¡se pasaron, son geniales! (gracias compañera confidente, todo ha sido un éxito rotundo). Ojeo el libro: tiene olor a nuevo, a papel impreso sin tocar, a una historia de puta madre que no tiene apuro para que la lea. Realmente estoy contenta. Aprieto el botón y pongo la cara de sorpresa, cara de "jamás lo hubiese imaginado". Pero la cara de alegría es real.

Cierro el libro en seco y anuncio "gracias, listo chicos, tengo que seguir trabajando" que es como decir "déjenme sola que quiero disfrutar esta pequeña victoria". Pero no. Ellos me avisan que hay otra sorpresa. Me sorprendo, si. Otra sorpresa. Pienso en la caja de tangas. Me emociono. ¿Lo habrán hecho? ¿Tendré finalmente mi caja de tangas?

Nada de eso. Me dan una bolsa de una famosa librería que tiene increíbles ediciones pero la peor atención al cliente. Dentro de la bolsa hay un libro envuelto en papel de regalo azul. Lo inspecciono . Trato de adivinar sobre qué es a través del formato: cuadrado y finito. Llego a la conclusión que no es ni de diseño, fotografía, arte o novela gráfica. No entiendo.

-Llega a ser un libro de cocina y los cago a tiros a todos.
Vuelvo a mi tarea de abrir el envoltorio. Se me ocurre mirar a mis compañeros: algo pasó. Hay consternación y terror en sus caras. Una de las chicas se tapa la boca con las dos manos. Otra, mira a los demás pidiendo ayuda.
Termino de arrancar el papel azul (porque no puedo abrir nada de la manera que corresponde, ni una caja de remedios) y leo: COCINA LIGHT.

Cocina? LIGHT? Cómo qué lo cuánto? Silencio incómodo. Dos, tres, cuatro segundos. No aguanto y lo suelto.
-Ok, ahora todos al paredón, soretes.



PD: de todos modos gracias por la Cocina Light; fue por una causa noble.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Palermo - Argentina

El lunes tuve violín. Fue feriado y el día pintaba más para la siesta y el mate en repetición sistemática. Pero hacía como dos clases que no iba.

Clari había quemado un sahumerio de esos que usa mi mamá y que a veces extraño. Porque en casa no gustan de los sahumerios, obviamente. Al toque que llego se larga a llover. Con el cielo todo gris oscuro la luz de la habitación bajó un poco.

Hubo un momento que pensé que estaba en un cuento. Tenía la ambientación justa.

La clase empezó con la breve charla de cómo me había ido con los ejercicios de técnica (que son horribles pero muy muy necesarios). Hablamos de violinistas que valen la pena ver en internete. Me anoté los nombres en un papel. Hay uno que es un judío zarpado que toco la viola de Clari. Los otros no tengo idea quienes son.

Hace dos semana que tengo un problema con la mano izquierda. No podía pisar las cuerdas. No me llegaban los dedos. Clari dice que es porque tengo las mañas de la guitarra mal aprendida (me hizo mierda). Agarro el mango medio choto -quien lo hubiese dicho. Tocar cualquier pelotudez pisando las cuerdas era un castigo. Me dolía la mano, el cuello, la espalda, el orgullo. Cuando tengo que poner 3 dedos, se me retuerce la mano de una manera espeluznante. Cuando tengo que poner el 4to dedo (el meñique) se me desarman los dedos, la muñeca y termino gritando ¡NO PUEDO PONER LOS PUTOS DEDOS, MIERDA! La paso como el orto.

Pero el lunes.... andá saber qué fue. Pudo haber sido que era feriado, que había dormido 12 millones de horas, que llovía o el sahumerio. Todo junto o separado. La cosa es que estaba tocando esta cancioncita que le enseñan a los niños cuando comienzan a tocar. La verdad es que la obrita es un bardo, pobres pendejos.
Puse mis deditos pisando mal las cuerdas y sonó todo como el culo. Un ruido entre metálico y peinado (no sé cómo decirlo). Cuando escuché eso, la mano derecha que lleva el arco se indignó y tocó cualquiera. Comencé la canción 7 veces. Al final, tiré el arco a la mierda y pegué el grito más sano del mundo: ESTO ES UNA MIERDA.

Clari, ídola total, se mató de la risa. Pero, sabia como ella sola, me tira la posta y pongo los dedos de atrás para adelante (del 4to dedo al 1ero). Y ahí pasó. Un momento de magia.

Los dedos se me movieron raro, solos, como rotos las pelotas de que mi cerebro no le pasara los datos bien. Hicieron lo que quisieron, pero lo hicieron muy bien y tan rápido que no me di cuenta cuando fue que se independizaron de este cuerpo. De repente podía tocar todo de corrido con un sonido que no pensé que podía lograr.

La gloria.

El momento en que tocas un instrumento y logras que suene como vos queres, cuando lo domas y te sigue en la cabeza, cuando la notas que lees suenan, que pasa del papel al sonido y todo eso sin dudar, sin pifiarle, de corrido hasta el fondo, es glorioso.
Quiere decir que aprendí. Que mi cabeza no está del todo dormida. Que no me ganaron. Que sumé.

Tuve 15 minutos de alegría pura que me borraron todo el bajón que podía llegar a tener el lunes. La lluvia de fondo y el sahumerio, el colorcito de la tarde... las ganas de un café con leche y el sabor a la medialuna que me comí antes de la clase.. todo en su justa medida. Me faltaron un par de cosas, claro, pero con eso ya estaba satisfecha.

Tocamos varias obras más con Clari. Festejamos el triunfo. Salí de la clase flotando, como el hada de la música. Aún habiendo tocado la canción que le enseñan a los nenes. ¿Qué me calienta? Soy feliz.

martes, 28 de abril de 2009

San Juan - Argentina

Ahí estaban: dos viejos tortolitos, casi enamorados. Pero había un problema....
-Chiche, esto no es Bariloche
-¿Te parece Marta? Acá hay montaña.
-Pero, ¿y la nieve?

No, no estaban en Bariloche. Estaban en San Juan, perdidos en los Valles Bajos, cagados de calor, rezando por agua y nieve.
Cumplían 20 años de casados, de aguante y resignación. Quedaba un poco de amor pero había que hacer mucha fuerza.

-Pensar que el General caminó por estas tierras...- suspiró Chiche
Puede que el General Perón haya caminado por aquellos valles plagados de meseta desértica y plantas de mierda. Puede ser. Pero a Marta no le importaba. Marta quería volver a Bariloche, a recordar su luna de miel para festejar esos 20 años de tedio, paciencia y absurdo.

-Chiche, te pasaste con el auto....
-Te digo que no Marta, no. Yo seguí la ruta derechito... ¿cómo me voy a pasar?
-Qué sé yo... te pasaste con tantas cosas, te pasaste....
Era verdad. Chiche una vez se pasó con Marta. Cuándo tenían 17 años. Estaban en un asalto, escuchando a Sandro y Los de Fuego. Sonaba un lento y Chiche la sacó a bailar. Le contó un chiste tonto para que Marta se soltara. Su risita se había confundido con la voz de Sandro que ya pedía aire. Pasaron volando 30 segundos de silencio. Marta bajó la vista. "Es la mía" pensó Chiche. Y se pasó. Con el disimulo de un canguro epiléptico posó la mano en su traste.

-Marta, no pasa nada. Vamos a ver el mapa; vas a ver que no nos perdimos.
-Yo no me perdí Chiche... te perdiste vos!
-Qué poco me conoces, Martita....
Era poco probable que después de 20 años de matrimonio, dos hijos y un sin fin de des-aventuras no se conocieran. Chiche tenía delirio de proezas y fama de picaflor. Marta era una experta jardinera y fiel esposa. Lo único que tenían (tuvieron) en común fue un baile. Desde ese momento se enredaron en una vida peronista de librito. El trabajo, el casorio, los hijos, el trabajo, alguna mirada desviada, asados, vacaciones en Mar Del Plata, el bar y un copetín, los tejidos del año, mate y bizcochitos, el partido del domingo.

Y ahora, en su 20 aniversario de locura, de programa de ATC dominguero de la vida promedio del argentino promedio, quieren revivir aquella luna de miel. No pretenden recuperar la pasión ni tienen ganas de darse sorpresas. Sólo quieren sentirse un poco jóvenes. Ver si pueden acordarse de cómo era al principio. Confirmar si siempre fue así o si la combinación de peronismo y rutina les quemó los últimos cartuchos.

-No sé qué decirte Marta... es muy raro que me pierda, ¿viste? -mueve la cabeza de un lado a otro- Yo me conozco todo el país, Martita.
-No Chiche.. CHICHE... ¡Esto ya nos pasó! Hace como 20 años, ¿no te acordás?

Chiche se acordó. Hace 20 años, cuando se fueron de luna de miel, Chiche se perdió en la ruta y terminaron en San Juan, en un punto muy cercano al que estaban ahora. Una luz de confirmación, terror y abatimiento los arrasó para quemarles la memoria y reventarles las eperanzas. Chiche se acomodó los anteojos, miró el horizonte y suspiró. Marta se cruzó de brazos, se acercó a su esposo con dos pasitos torpes y negó con la cabeza.

Desde el principo, desde esa luna de miel hace 20 años, habían sido así: Chiche y Marta.

jueves, 26 de marzo de 2009

Bélgica - Algún Lugar


-->Que importante se ha vuelto la empresa del chorizo seco.
Es una de las cosas más interesantes.

Me contaron que exportan mucho a Bélgica.
En octubre hacen una fiesta regional al este de Bélgica conmemorando el fin de la 2da guerra austro-húngara de la que Bélgica no participó pero con la cual se vio perjudicada debido a los problemas en las rutas comerciales.

Dicen que un señor de unos 70 años cansado de no poder comer uno de sus embutidos preferidos (el "jhalosha pitushka") decidió inventar algo nuevo con lo que tenía a mano. En ese momento tenía pato, un saco de harina, papel de cigarrillo y varios vegetales. Don Vlaams Belang se peinó el bigote y comenzó a mezclar todo.

Al principio toda era una masa sin forma, una chorreada de ingredientes que poco podía tentar al apetito. Parecía un cerebro viejo aplastado con un ladrillo. Preocupado por su poco atractivo, le pide a su esposa, Doña Alberta Von Terrier que aplique su creatividad.

Muchos lo afirman pero no es seguro. Parece ser que Doña Alberta estaba cerca de su período menstrual y dado que su nivel de hormonas habían aumentado su libido, su lenguaje corporal comenzó a insinuar (a su manera, claro) que estaba dispuesta para tener relaciones sexuales.

Es sabido que los belgas se caracterizan por ser escuetos y discretos a la hora de dar a entender sus intenciones.

Von Terrier tomó la masa en sus manos y, mirando tímida pero con fuego en su interior, comenzó a amasarla generando "chorizos".
Vlaams, que no era nada tonto, supo interpretar el mensaje:
-Sie sind zu mir chorizo
- Mal sehen, wie Sie sind gewagte chorizo seco

Esta contestación provocó la risa y alegría de la pareja que, luego de envolver los rollos estirados de masa, se sacó la ropa y engendraron a Kriek Belang Terrier quien fuera un afamado pianista más conocido por su incipiente homosexualidad que por sus piezas musicales. Como dato curioso, Kriek era alérgico a la harina, por lo que nunca pudo probar y disfrutar el aclamado pan de chorizo seco que creó su madre cuando había decidido tener una hija más.

Nota: es de buena educación regalar chorizos secos a los padres que tienen su primer hijo. El chorizo en cuestión debe ir acompañado por una nota que rece: "Wir hoffen, dass sein Sohn ist nicht schwul".

Nota: las palabras en alemán pueden traducirse en
Herramientas de idiomas

Navarro - Buenos Aires

Sabe? Rafaela es un lugar precioso, lleno de jubilados y frutas baratas.
Es muy raro que nadie lo quiera. Allí la gente es tan amigable y hospitalaria.

Recuerdo cuando estuve en Navarro. Me interné en una quinta para dejar mis adicciones a las oreos bañadas en chocolate. Había aumentado como 15 kilos y, por algún extraño motivo hormonal, me había crecido barba.
Un día, tuve que comprar una Gillete. Me picaba el bigote. Tempranisimo a la mañana, fui caminando despacito hasta el almacén de campo más cercano.

Curioso fue que me atendió una señora que parecía tener más barba que yo.

-Buen día...
-Que tal, joven.

Dudé. No supe si me dijo joven masculino o femenino. Pero que importaba! La similitud de nuestro vello corporal había generado un lazo amigable que nos confirmaba no estábamos solas en el mundo.

-Una gillete, por favor?
-Como no, esta es especial...

Era evidente que había algo entre nosotras. Me estaba recomendado la maquina de afeitar especial, la que seguramente ella usaba para manterner al raz la barba y, como me pareció observar, delinear el candado. Sé que es de garca, pero hay gente a la que le gusta el candado.

-¿Algo más?
-Si, una manteca y este pan lactal.
-¿No quiere estas galletitas... Oreo con chocolate?

Ah, la tentación. Es una ley imposible de romper. Cuánto más prohibido, más deseado. Casi cedo (porque detrás de esta barba de 2 días soy humana) pero quién sabe... resistí. Y cuando tomé la determinación de decir NO, una curiosidad desmedida comenzó a crecer en mí al ritmo de mis bigotes.

-¿Usted las comió?
-¿Por qué lo dice?
-Por... bueno, ya sabe....
-No la entiendo joven.

¿Estaba equivocada al asumir que las oreo habían surtido el mismo efecto en ella? De alguna manera debía averiguarlo. Lástima que la sutilidad no sea mi fuerte.

-Por la barba...
-¿La barba? bueno, joven... cuando uno cumple cierta edad, la barba tiene que salir por algún lugar, je, je je....

(¿uno?)

-Pero como... usted es...
-¡Un hombre orgulloso de su barba!

Silencio.

No pude soportarlo y lo dije, bien fuerte y claro:

-¡Usted tiene más pechos que yo, caballero!

Que tenga barba no quiere decir que no pueda huir cuando mi escaso tacto me lo indica. Así que lo hice, sin pagar, con mi manteca y pan lactal, con la Gillete y con más vergüenza que la nunca sentí en mi vida. Aquél caballero pechugón me corrió con un enorme cuchillo, pero sospecho que el peso de sus mamas le quitó velocidad. Una cuestión de aerodinámica.
Ese fue el fin de la hospitalidad de la gente del interior y de la equidad de Dios al repartir ciertos dones.
Gente rara.....