Sabe? Rafaela es un lugar precioso, lleno de jubilados y frutas baratas.
Es muy raro que nadie lo quiera. Allí la gente es tan amigable y hospitalaria.
Recuerdo cuando estuve en Navarro. Me interné en una quinta para dejar mis adicciones a las oreos bañadas en chocolate. Había aumentado como 15 kilos y, por algún extraño motivo hormonal, me había crecido barba.
Un día, tuve que comprar una Gillete. Me picaba el bigote. Tempranisimo a la mañana, fui caminando despacito hasta el almacén de campo más cercano.
Curioso fue que me atendió una señora que parecía tener más barba que yo.
-Buen día...
-Que tal, joven.
Dudé. No supe si me dijo joven masculino o femenino. Pero que importaba! La similitud de nuestro vello corporal había generado un lazo amigable que nos confirmaba no estábamos solas en el mundo.
-Una gillete, por favor?
-Como no, esta es especial...
Era evidente que había algo entre nosotras. Me estaba recomendado la maquina de afeitar especial, la que seguramente ella usaba para manterner al raz la barba y, como me pareció observar, delinear el candado. Sé que es de garca, pero hay gente a la que le gusta el candado.
-¿Algo más?
-Si, una manteca y este pan lactal.
-¿No quiere estas galletitas... Oreo con chocolate?
Ah, la tentación. Es una ley imposible de romper. Cuánto más prohibido, más deseado. Casi cedo (porque detrás de esta barba de 2 días soy humana) pero quién sabe... resistí. Y cuando tomé la determinación de decir NO, una curiosidad desmedida comenzó a crecer en mí al ritmo de mis bigotes.
-¿Usted las comió?
-¿Por qué lo dice?
-Por... bueno, ya sabe....
-No la entiendo joven.
¿Estaba equivocada al asumir que las oreo habían surtido el mismo efecto en ella? De alguna manera debía averiguarlo. Lástima que la sutilidad no sea mi fuerte.
-Por la barba...
-¿La barba? bueno, joven... cuando uno cumple cierta edad, la barba tiene que salir por algún lugar, je, je je....
(¿uno?)
-Pero como... usted es...
-¡Un hombre orgulloso de su barba!
Silencio.
No pude soportarlo y lo dije, bien fuerte y claro:
-¡Usted tiene más pechos que yo, caballero!
Que tenga barba no quiere decir que no pueda huir cuando mi escaso tacto me lo indica. Así que lo hice, sin pagar, con mi manteca y pan lactal, con la Gillete y con más vergüenza que la nunca sentí en mi vida. Aquél caballero pechugón me corrió con un enorme cuchillo, pero sospecho que el peso de sus mamas le quitó velocidad. Una cuestión de aerodinámica.
Ese fue el fin de la hospitalidad de la gente del interior y de la equidad de Dios al repartir ciertos dones.
Gente rara.....
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