miércoles, 27 de mayo de 2009

Palermo - Argentina

El lunes tuve violín. Fue feriado y el día pintaba más para la siesta y el mate en repetición sistemática. Pero hacía como dos clases que no iba.

Clari había quemado un sahumerio de esos que usa mi mamá y que a veces extraño. Porque en casa no gustan de los sahumerios, obviamente. Al toque que llego se larga a llover. Con el cielo todo gris oscuro la luz de la habitación bajó un poco.

Hubo un momento que pensé que estaba en un cuento. Tenía la ambientación justa.

La clase empezó con la breve charla de cómo me había ido con los ejercicios de técnica (que son horribles pero muy muy necesarios). Hablamos de violinistas que valen la pena ver en internete. Me anoté los nombres en un papel. Hay uno que es un judío zarpado que toco la viola de Clari. Los otros no tengo idea quienes son.

Hace dos semana que tengo un problema con la mano izquierda. No podía pisar las cuerdas. No me llegaban los dedos. Clari dice que es porque tengo las mañas de la guitarra mal aprendida (me hizo mierda). Agarro el mango medio choto -quien lo hubiese dicho. Tocar cualquier pelotudez pisando las cuerdas era un castigo. Me dolía la mano, el cuello, la espalda, el orgullo. Cuando tengo que poner 3 dedos, se me retuerce la mano de una manera espeluznante. Cuando tengo que poner el 4to dedo (el meñique) se me desarman los dedos, la muñeca y termino gritando ¡NO PUEDO PONER LOS PUTOS DEDOS, MIERDA! La paso como el orto.

Pero el lunes.... andá saber qué fue. Pudo haber sido que era feriado, que había dormido 12 millones de horas, que llovía o el sahumerio. Todo junto o separado. La cosa es que estaba tocando esta cancioncita que le enseñan a los niños cuando comienzan a tocar. La verdad es que la obrita es un bardo, pobres pendejos.
Puse mis deditos pisando mal las cuerdas y sonó todo como el culo. Un ruido entre metálico y peinado (no sé cómo decirlo). Cuando escuché eso, la mano derecha que lleva el arco se indignó y tocó cualquiera. Comencé la canción 7 veces. Al final, tiré el arco a la mierda y pegué el grito más sano del mundo: ESTO ES UNA MIERDA.

Clari, ídola total, se mató de la risa. Pero, sabia como ella sola, me tira la posta y pongo los dedos de atrás para adelante (del 4to dedo al 1ero). Y ahí pasó. Un momento de magia.

Los dedos se me movieron raro, solos, como rotos las pelotas de que mi cerebro no le pasara los datos bien. Hicieron lo que quisieron, pero lo hicieron muy bien y tan rápido que no me di cuenta cuando fue que se independizaron de este cuerpo. De repente podía tocar todo de corrido con un sonido que no pensé que podía lograr.

La gloria.

El momento en que tocas un instrumento y logras que suene como vos queres, cuando lo domas y te sigue en la cabeza, cuando la notas que lees suenan, que pasa del papel al sonido y todo eso sin dudar, sin pifiarle, de corrido hasta el fondo, es glorioso.
Quiere decir que aprendí. Que mi cabeza no está del todo dormida. Que no me ganaron. Que sumé.

Tuve 15 minutos de alegría pura que me borraron todo el bajón que podía llegar a tener el lunes. La lluvia de fondo y el sahumerio, el colorcito de la tarde... las ganas de un café con leche y el sabor a la medialuna que me comí antes de la clase.. todo en su justa medida. Me faltaron un par de cosas, claro, pero con eso ya estaba satisfecha.

Tocamos varias obras más con Clari. Festejamos el triunfo. Salí de la clase flotando, como el hada de la música. Aún habiendo tocado la canción que le enseñan a los nenes. ¿Qué me calienta? Soy feliz.

3 comentarios:

  1. Amo la musica, y me encanto la parte en que describís lo que se siente pasar de una cosa a otra.

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  2. Pensando en la ambientación lúgubre y lluviosa, sería como una luz con coro angelical cuando te salió la melodía.

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