jueves, 26 de marzo de 2009
Bélgica - Algún Lugar
-->Que importante se ha vuelto la empresa del chorizo seco.
Es una de las cosas más interesantes.
Me contaron que exportan mucho a Bélgica.
En octubre hacen una fiesta regional al este de Bélgica conmemorando el fin de la 2da guerra austro-húngara de la que Bélgica no participó pero con la cual se vio perjudicada debido a los problemas en las rutas comerciales.
Dicen que un señor de unos 70 años cansado de no poder comer uno de sus embutidos preferidos (el "jhalosha pitushka") decidió inventar algo nuevo con lo que tenía a mano. En ese momento tenía pato, un saco de harina, papel de cigarrillo y varios vegetales. Don Vlaams Belang se peinó el bigote y comenzó a mezclar todo.
Al principio toda era una masa sin forma, una chorreada de ingredientes que poco podía tentar al apetito. Parecía un cerebro viejo aplastado con un ladrillo. Preocupado por su poco atractivo, le pide a su esposa, Doña Alberta Von Terrier que aplique su creatividad.
Muchos lo afirman pero no es seguro. Parece ser que Doña Alberta estaba cerca de su período menstrual y dado que su nivel de hormonas habían aumentado su libido, su lenguaje corporal comenzó a insinuar (a su manera, claro) que estaba dispuesta para tener relaciones sexuales.
Es sabido que los belgas se caracterizan por ser escuetos y discretos a la hora de dar a entender sus intenciones.
Von Terrier tomó la masa en sus manos y, mirando tímida pero con fuego en su interior, comenzó a amasarla generando "chorizos".
Vlaams, que no era nada tonto, supo interpretar el mensaje:
-Sie sind zu mir chorizo
- Mal sehen, wie Sie sind gewagte chorizo seco
Esta contestación provocó la risa y alegría de la pareja que, luego de envolver los rollos estirados de masa, se sacó la ropa y engendraron a Kriek Belang Terrier quien fuera un afamado pianista más conocido por su incipiente homosexualidad que por sus piezas musicales. Como dato curioso, Kriek era alérgico a la harina, por lo que nunca pudo probar y disfrutar el aclamado pan de chorizo seco que creó su madre cuando había decidido tener una hija más.
Nota: es de buena educación regalar chorizos secos a los padres que tienen su primer hijo. El chorizo en cuestión debe ir acompañado por una nota que rece: "Wir hoffen, dass sein Sohn ist nicht schwul".
Nota: las palabras en alemán pueden traducirse en Herramientas de idiomas
Navarro - Buenos Aires
Sabe? Rafaela es un lugar precioso, lleno de jubilados y frutas baratas.
Es muy raro que nadie lo quiera. Allí la gente es tan amigable y hospitalaria.
Recuerdo cuando estuve en Navarro. Me interné en una quinta para dejar mis adicciones a las oreos bañadas en chocolate. Había aumentado como 15 kilos y, por algún extraño motivo hormonal, me había crecido barba.
Un día, tuve que comprar una Gillete. Me picaba el bigote. Tempranisimo a la mañana, fui caminando despacito hasta el almacén de campo más cercano.
Curioso fue que me atendió una señora que parecía tener más barba que yo.
-Buen día...
-Que tal, joven.
Dudé. No supe si me dijo joven masculino o femenino. Pero que importaba! La similitud de nuestro vello corporal había generado un lazo amigable que nos confirmaba no estábamos solas en el mundo.
-Una gillete, por favor?
-Como no, esta es especial...
Era evidente que había algo entre nosotras. Me estaba recomendado la maquina de afeitar especial, la que seguramente ella usaba para manterner al raz la barba y, como me pareció observar, delinear el candado. Sé que es de garca, pero hay gente a la que le gusta el candado.
-¿Algo más?
-Si, una manteca y este pan lactal.
-¿No quiere estas galletitas... Oreo con chocolate?
Ah, la tentación. Es una ley imposible de romper. Cuánto más prohibido, más deseado. Casi cedo (porque detrás de esta barba de 2 días soy humana) pero quién sabe... resistí. Y cuando tomé la determinación de decir NO, una curiosidad desmedida comenzó a crecer en mí al ritmo de mis bigotes.
-¿Usted las comió?
-¿Por qué lo dice?
-Por... bueno, ya sabe....
-No la entiendo joven.
¿Estaba equivocada al asumir que las oreo habían surtido el mismo efecto en ella? De alguna manera debía averiguarlo. Lástima que la sutilidad no sea mi fuerte.
-Por la barba...
-¿La barba? bueno, joven... cuando uno cumple cierta edad, la barba tiene que salir por algún lugar, je, je je....
(¿uno?)
-Pero como... usted es...
-¡Un hombre orgulloso de su barba!
Silencio.
No pude soportarlo y lo dije, bien fuerte y claro:
-¡Usted tiene más pechos que yo, caballero!
Que tenga barba no quiere decir que no pueda huir cuando mi escaso tacto me lo indica. Así que lo hice, sin pagar, con mi manteca y pan lactal, con la Gillete y con más vergüenza que la nunca sentí en mi vida. Aquél caballero pechugón me corrió con un enorme cuchillo, pero sospecho que el peso de sus mamas le quitó velocidad. Una cuestión de aerodinámica.
Ese fue el fin de la hospitalidad de la gente del interior y de la equidad de Dios al repartir ciertos dones.
Gente rara.....
Es muy raro que nadie lo quiera. Allí la gente es tan amigable y hospitalaria.
Recuerdo cuando estuve en Navarro. Me interné en una quinta para dejar mis adicciones a las oreos bañadas en chocolate. Había aumentado como 15 kilos y, por algún extraño motivo hormonal, me había crecido barba.
Un día, tuve que comprar una Gillete. Me picaba el bigote. Tempranisimo a la mañana, fui caminando despacito hasta el almacén de campo más cercano.
Curioso fue que me atendió una señora que parecía tener más barba que yo.
-Buen día...
-Que tal, joven.
Dudé. No supe si me dijo joven masculino o femenino. Pero que importaba! La similitud de nuestro vello corporal había generado un lazo amigable que nos confirmaba no estábamos solas en el mundo.
-Una gillete, por favor?
-Como no, esta es especial...
Era evidente que había algo entre nosotras. Me estaba recomendado la maquina de afeitar especial, la que seguramente ella usaba para manterner al raz la barba y, como me pareció observar, delinear el candado. Sé que es de garca, pero hay gente a la que le gusta el candado.
-¿Algo más?
-Si, una manteca y este pan lactal.
-¿No quiere estas galletitas... Oreo con chocolate?
Ah, la tentación. Es una ley imposible de romper. Cuánto más prohibido, más deseado. Casi cedo (porque detrás de esta barba de 2 días soy humana) pero quién sabe... resistí. Y cuando tomé la determinación de decir NO, una curiosidad desmedida comenzó a crecer en mí al ritmo de mis bigotes.
-¿Usted las comió?
-¿Por qué lo dice?
-Por... bueno, ya sabe....
-No la entiendo joven.
¿Estaba equivocada al asumir que las oreo habían surtido el mismo efecto en ella? De alguna manera debía averiguarlo. Lástima que la sutilidad no sea mi fuerte.
-Por la barba...
-¿La barba? bueno, joven... cuando uno cumple cierta edad, la barba tiene que salir por algún lugar, je, je je....
(¿uno?)
-Pero como... usted es...
-¡Un hombre orgulloso de su barba!
Silencio.
No pude soportarlo y lo dije, bien fuerte y claro:
-¡Usted tiene más pechos que yo, caballero!
Que tenga barba no quiere decir que no pueda huir cuando mi escaso tacto me lo indica. Así que lo hice, sin pagar, con mi manteca y pan lactal, con la Gillete y con más vergüenza que la nunca sentí en mi vida. Aquél caballero pechugón me corrió con un enorme cuchillo, pero sospecho que el peso de sus mamas le quitó velocidad. Una cuestión de aerodinámica.
Ese fue el fin de la hospitalidad de la gente del interior y de la equidad de Dios al repartir ciertos dones.
Gente rara.....
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